Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014 Joan Pedragosa :: PERFECTIO FORMAE<br>2014

PERFECTIO FORMAE
2014



PEDRAGOSA, POETA DE LA GEOMETRÍA

La expresión en latín que ha elegido Beta Albuixech para titular esta exposición me parece sumamente acertada porque no sólo es una expresión de las que tanto gustaban a Joan Pedragosa sino porque, como descubrirá al visitar las salas del Palau de l’Abadia de Sant Joan de les Abadesses, la perfectio formae, es decir, la perfección de la forma, fue el lema que guió el trabajo de este creador que es mucho más conocido como diseñador gráfico de vanguardia que como explorador de las formas de tres dimensiones.

Es cierto que Pedragosa fue una figura clave de aquella generación que en los años sesenta del siglo pasado promovió en el mundo de la comunicación gráfica la revolución que supondría el cambio de los esquemas aburridos de hacer publicidad que imperaban entonces por unas propuestas gráficas atractivas, cargadas de fuerza e innovadoras en la forma y en el fondo. Pero también es innegable que su contribución al diseño gráfico pasa por el dominio constructivo que tenía, que aparece en cualquiera de sus obras, y que le acabaría convirtiendo en un experto en el packaging, materia que impartiría en las escuelas Massana y Elisava. De hecho, si repasamos el conjunto de su producción gráfica, que incluye carteles, catálogos , sobrecubiertas, logotipos, tipografías, alfabetos, recortables, etc.., e incluso los proyectos de interiorismo, veremos que todos sus trabajos responden a una racionalidad geométrica y que su modus operandi respondía a la necesidad de estructurar con orden todo lo que diseñaba. Por eso no nos sorprende que él mismo, en 2002, escogiera el título "La geometría como seducción" para denominar una de sus exposiciones, en una elección que no hacía más que ratificar su voluntad constructiva.

Esta inclinación natural podríamos atribuirla a dos factores, uno directamente relacionado con la formación que en su Badalona natal recibió por parte del tecnólogo Pere Casajoana que lo inició en el campo del dibujo lineal y la estética industrial, y el otro que lo traslada a Lausana, donde tuvo el privilegio de trabajar entre 1960 y en 1962, en el momento en que la escuela suiza de diseño llevaba a sus últimas consecuencias los esquemas gráficos de la alemana Bauhaus y configuraba unos códigos expresivos austeros y esencialistas, que se alejaban de la retórica publicitaria de los años cincuenta, plena de pintoresquismo pero poco eficaz comunicativamente, que marcaría su trabajo sin que éste perdiera, sin embargo, la emotividad mediterránea.

Así, si en unos catálogos de 1958, en carteles como el de la Feria de Muestras de 1960 o en marcas como la que hizo para Fogo en 1961 ya se percibe esta intención de poner orden, de articular y de construir sus formas en el plano y en el espacio, es en los recortables articulables, móviles y diseños volumétricos que hizo a partir de 1964, cuando se manifiesta patentemente esta manera de hacer, una forma de trabajar que iría adquiriendo complejidad a partir de 1970 y que en una evolución natural le acabaría llevando a la escultura, una escultura dominada por el rigor minimalista, que realizó en aluminio, bronce, zinc y acero y que desarrolla unas formas puras, desnudas , que combinan las rectas y las curvas en un diálogo sutil y armónico, que, como el resto de su obra, no carece de poética, de un vigoroso sentido del color y de una insoslayable inquietud metafísica.